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Revelar un secreto

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Gloriana
Se registró el día 12 de diciembre de 2016
  • 9 Artículos
  • Edad 19

Photo by Daan Stevens on Unsplash

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Algunas cosas las guardamos muy dentro nuestro. Las encerramos, para no darles importancia y que nadie se dé cuenta de nada. Tal vez en cierto modo nos avergüenza... O al menos, no queremos que esa sea nuestra carta de presentación para los demás.

Sin embargo, nuestra historia puede ayudar a otros, ¿no? Es posible que pensando en esto podamos contar y dar nuestro ejemplo. Hay tantos que quisieran encontrarse alguien con quién identificarse. Por lo menos, eso hubiera querido yo cuando atravesé una de mis etapas más duras.

No hace falta precisar qué me dirigió a estar en esa situación. Simplemente, de un momento a otro, saltaron los efectos de algo que no había resuelto por muchos años. Todo en algún momento nos cobra factura, todo.

En ese entonces solo podía sincerarme conmigo misma al escribir. Un cuaderno quedó lleno de relatos, que hoy evito volver a leer para no contagiarme de la tristeza que hay allí inmersa. Pero hay un fragmento que resume todo lo que sentí durante ese período. No hay forma más exacta de poner en palabras todo el dolor del momento. Ahora, por primera vez, me gustaría compartirlo:

Hay lágrimas en los ojos que no salen por más que quiera. No salen como lágrimas, ni como palabras. Se quedan en pensamientos que van y vienen a la mente, presionando cada vez más los ojos que quieren descansar de la tristeza.

En dieciséis frases no he mencionado la palabra que tal vez todos piensen a leer una confesión como ésta. Cada vez se habla más de este tema y es necesario. No obstante, ni con todas las experiencias del mundo se podrá entender por completo lo que muchos jóvenes pasan hoy en día. Para alguien que nunca ha sido protagonista de circunstancias como éstas, será muy difícil empatizar.

De todas formas, ¿qué se pierde con intentarlo? En el Día Mundial de la Salud Mental, la Organización Mundial de la Salud intenta hacer conciencia sobre este malestar que aqueja a muchos, especialmente, a muchos jóvenes.

“I had a black dog, his name was depression” y “Living with a black dog” son dos videos de esta organización muy acordes con lo que muchos hemos pasado alguna vez. Los invito a verlos y compartirlos con sus amigos, de modo que cada uno ponga un granito de arena en crear conciencia sobre esta problemática.

Más allá de todo esto, creo que es más importante llegar a quienes están atravesando una situación similar. Yo duré un año en ir por un diagnóstico. De modo que estaba mentalmente exhausta de haber negado mi realidad por tanto tiempo. Asimismo, me había hecho mucho daño y había cambiado mi forma de ver el mundo. No recordaba cómo era ser feliz. Incluso hoy, no sé distinguir cómo es sentirse verdaderamente bien.

A pesar de las adversidades, nadie puede negar que haya tenido éxito durante esos años. Es decir, aunque la tristeza nos consuma, muchos seguimos adelante. Sin embargo, el desgaste es mayor y como dije anteriormente, todo cobra factura, todo.

Se puede vivir con depresión, se puede salir de una depresión y se puede ser feliz después de una depresión. Sin embargo, no hay recetas mágicas. Queda en cada uno estar dispuesto a intentar tomar un nuevo camino; estar alertas para identificar a alguien que pueda necesitar ayuda.





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