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Porque Violencia No Son Sólo Golpes: La Otra Forma en que Agredimos a las Infancias

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Jesús Prior
Se registró el día 15 de agosto de 2017
  • 3 Artículos
  • Edad 21

©  2017 Jesús Prior

© 2017 Jesús Prior

Ante la realidad que abraza México “así como tal vez a varios países en el mundo”, pareciera que el término “violencia” es usado con mayor frecuencia en la cotidianidad de hoy, que años atrás. Basta con detenernos y observar a nuestro alrededor las innumerables campañas que buscan visualizar o concientizar a la población: sobre narcotráfico, violencia intrafamiliar, bullying en los colegios o maltrato infantil (citando algunos ejemplos). A pesar de los esfuerzos de estas estrategias, pareciera que damos por hecho que la violencia es algo con lo que “debemos” vivir día a día, normalizando algo que debe ser ajeno a nuestra convivencia y no parte de ella.

Estos ejemplos de violencia son “visibles” para cualquiera. No obstante, existen otras tipificaciones de violencia “invisibles”, que continúan replicándose y pareciera que no podemos hacer nada para solucionarlo. Pero, ¿cuáles son estos tipos?, ¿cómo afectan a sectores como las infancias?, y ¿por qué es complicado evitar su perpetuación?

Un par de años atrás, fui parte de un curso de empoderamiento juvenil llamado “Integrando a México”, en el cual, como parte de sus actividades para crear conciencia sobre la realidad de nuestros entornos, organizan un pequeño voluntariado. Las actividades se enfocaron en impartir una breve serie de talleres en dos lugares de la sede (San Miguel de Allende) del curso : la biblioteca municipal y la zona conocida como “San Miguel el Viejo”.

Durante las actividades de los talleres, tuve la oportunidad de conocer las condiciones en que crecían menores entre 4 y 6 años. Así, por ejemplo, conocimos infantes que contaban con naturalidad momentos cuando su papá discutía con su mamá, y cómo a veces él la golpeaba o les golpeaba. También, que en ocasiones no iban a la escuela porque no podían llegar ya que la distancia a la escuela más cercana era considerable. Además de cómo les curaban con remedios caseros cuando enfermaban, puesto que el centro de atención médica más cercano, frecuentemente, carecía de personal o medicamentos.

Así como ellas y ellos, en México y en la región de América Latina y el Caribe existen millones de infantes que no tienen acceso a servicios básicos. En la región, viven aproximadamente 195 millones de niños y adolescentes, de los cuales 69 millones están viviendo en pobreza. Respecto a sus derechos básicos, alrededor de 14 millones de niños, niñas y adolescentes están fuera del sistema educativo; y casi 6 millones de niños y niñas menores de 5 años están afectados por desnutrición crónica. Por otra parte, 2 de cada 3 niños y niñas menores de 15 años experimentan algún tipo de disciplina violenta en el hogar; y 1 de cada 2 niños y niñas de 15 años es sometido a castigo corporal en el hogar (UNICEF, 2016).

Al analizar estos datos, es natural pensar que la violencia sólo está presente en los ejemplos donde sólo hay golpes y no consideramos la privación de derechos básicos de las infancias, pero es aquí cuando hablamos de la violencia “visible” e “invisible” propuesta por Galtung* (1991). Para este sociólogo y matemático Noruego, la violencia es como un iceberg.

La violencia “visible” involucra la violencia directa, la que se concreta con comportamientos y responde a actos de violencia, es sólo una pequeña parte de este fenómeno. Por otro lado, en la violencia “invisible” encontramos la violencia cultural, la cual crea un marco legitimador de la violencia que se concreta en actitudes; y la violencia estructural, la peor de las tres, se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades.

De este modo, de los tipos de violencia propuestos por Galtung (directa, estructural y cultural); la violencia directa es clara y visible, por ejemplo: daños contra la biodiversidad, contaminación de espacios naturales, robos, violencia de género, violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, entre otros. Por lo que resulta relativamente sencillo detectarla y combatirla, como con las campañas contra la violencia o programas para reducir la contaminación y promover la educación ambiental.

En cambio, la violencia cultural y la violencia estructural son menos visibles ya que en ellas intervienen más factores (como el estilo de vida, educación, religión, costumbres, medios de comunicación, entre otros). Por lo que detectar su origen, prevención y remedio es más complicado. No obstante, la violencia que más afecta a las infancias es la violencia estructural ya que no permiten la satisfacción de las necesidades (y por tanto de sus derechos humanos).

Analizando la vivencia que compartí, la violencia directa se percibe en las agresiones que pueden recibir los menores por parte de sus padres y las secuelas sicológicas que puede traer esto. La violencia estructural, es evidente en la falta de acceso a servicios básicos como educación o atención médica. Por su parte, la violencia cultural está en normalizar esta situación como algo común que viven millones de infantes alrededor del mundo, y que cambiar situación es algo que no depende de nosotros, sino de quién debe garantizar sus derechos.

La violencia va más allá de la típica campaña que trata de combatir las agresiones físicas y sicológicas. La violencia que vemos es sólo una fracción de un problema complejo que compete a todas las personas. Cosas tan simples como no tirar basura o respetar lugares de personas discapacitadas en el transporte público, son pequeñas acciones que podemos llevar a cabo. Pero nuestra labor va más allá. Exigir los derechos fundamentales de las niñas y niños, es parte de nuestra responsabilidad para acabar con este problema, o por lo menos minimizarlo. Por otra parte, la violencia estructural y cultural, aunque parecen difíciles de combatir, no es algo imposible. Cambiar nuestros comportamientos y dejar de tomar como algo “normal” la falta de cobertura de necesidades (sea las de infantes, de otras personas o las nuestras), poco a poco minimizará el problema. La violencia no son sólo palabras, es algo que va más allá, y es un problema de todos y todas.


Galtung*, John (1991) Peace by Peaceful Means: Peace and Conflict Development and Civilization.Oslo: International Peace Research.





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