إضافة مشاركة إضافة مشاركة


Infancia en Movimiento

الصورة الرمزية Doctoranda
María González Flores
عضو منذ ١٣ أغسطس، ٢٠١٧
  • 3 مشاركة
  • العمر 24

Imagen: María González Flores, Luxor (abril 2017)

Imagen: María González Flores, Luxor (abril 2017)

Leo el apasionante y breve informe de UNICEF sobre niños desarraigados, que data de septiembre del 2016, y me pregunto cuánto se habrán multiplicado estas cifras desde hace un año. Entonces, uno de cada doscientos niños del mundo buscaba refugio. Uno de cada tres niños que vivían fuera de su país era un refugiado. Uno de cada ocho migrantes era menor, y más de 28 millones de niños habían sido forzados a desplazarse, sumándose a otros 20 millones de menores migrantes. En un año como este, en que se han acentuado las crisis humanitarias en Oriente Medio (Siria, Yemen, Irak, Afganistán), África (Chad, Libia, Malí, República Centroafricana, República Democrática del Congo, el Sahel, Somalia o Sudán del Sur) y Asia (Birmania, Corea del Norte), estoy segura de que el número de menores desplazados y forzados a abandonar sus hogares ha ido en aumento.

Cuando hablo de “niños desarraigados”, me confunde un poco la terminología. UNICEF parece acotar la definición hablando de niños “refugiados, desplazados internos o migrantes”, sin embargo a mí me sugiere algo más. Intuyo que “arraigo” proviene de “raíz”, y que por tanto “desarraigado” es “aquel que ha perdido sus raíces”. ¿Es necesario moverse por la geografía para sentir que ha desaparecido el suelo bajo tus pies? Pienso en los menores abandonados, perdidos, desatendidos, huérfanos; pienso en aquellos que han perdido su familia o sus vínculos aun habiendo conservado el techo. En el futuro dedicaré algunas líneas a reflexionar sobre ellos.

Sin embargo, en esta ocasión quisiera centrarme en el desarraigo literal y, tangible, de los menores desplazados. Contar con una cierta estabilidad y una red de apoyo sólida es especialmente relevante durante la infancia; pese a ello un gran número de niños se ven obligados a migrar y renunciar a la seguridad de lo conocido por distintos motivos. El régimen internacional de los derechos humanos contempla diferentes tipos de “personas en movimiento”, a las que se otorga un diferente estatus y tratamiento. A continuación mencionaré los principales y explicaré brevemente en qué se diferencian.

(1) Refugiados políticos, habitualmente denominados “refugiados” a secas. Son los primeros en los que pensamos cuando hablamos de personas desplazadas, especialmente en el contexto actual. Su origen está en la figura histórica del asilo, recogida en el Artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tras la Segunda Guerra Mundial, se hizo evidente la necesidad de proteger a aquellas personas que se habían tenido que desplazar o que no podían regresar a sus países a causa del conflicto y sus consecuencias. Así surge la Convención de Ginebra de 1951 , donde se define a los refugiados como aquellas personas fuera de sus fronteras nacionales al escapar por persecución “por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas” con anterioridad a 1951. Más adelante, en 1967, se redactaría el Protocolo que elimina las restricciones geográficas y temporales al estatus de refugiado: ya no es necesario haber nacido en Europa o que el motivo de la marcha fuera previo a 1951 para merecer dicha denominación. Posteriormente se añadiría en la Declaración de Cartagena sobre Refugiados de 1984, redactada en el contexto de la descolonización, la necesidad de que se considere también como refugiados a las personas que huyen de conflictos violentos y violaciones de derechos humanos.

(2) Desplazados internos. Denominados en ocasiones por sus siglas en inglés IDP (Internally Displaced People), se diferencian formalmente de los refugiados únicamente en que no han atravesado la frontera de sus países: por ello no pueden acogerse a la Convención de Ginebra y carecen de un instrumento jurídico equivalente que los proteja y que determine cómo han de ser asistidos o acogidos cuando resulta preciso. Por ello, deben ser protegidos por su propio gobierno (en ocasiones el propio causante de la huida) y, en caso de desplazarse por un conflicto armado, por el Derecho Internacional Humanitario.

(3) Personas en movimiento producto de cuestiones medioambientales, también llamadas “refugiadas ambientales”: he decidido diferenciarlas de las anteriores por una cuestión de legislación. Aunque en la actualidad existe un potente movimiento que solicita la revisión del concepto jurídico del refugio para abarcar también a aquellas personas que se ven obligadas a migrar a causa del deterioro de su entorno (ya sea por causa humana o natural), a día de hoy estas personas no son consideradas como refugiadas por el Derecho Internacional y por tanto no pueden acogerse a su protección.

Desplazados forzosos internos y refugiados políticos y ambientales comparten en gran medida motivaciones y experiencias. Entre ellos se cuentan miles de menores que se ven obligados a huir para escapar de la persecución política o de un entorno hostil. ¿Y qué hay de las personas que se ven arrastradas fuera de su hogar para dejar atrás la precariedad y la pobreza? ¿Podemos hablar de (4) “refugiados económicos”? En mi opinión, deberíamos empezar a hacerlo. Sin embargo, la legislación internacional contempla otros dos tipos de personas en movimiento, ambos por motivos económicos, sin conceder la condición de “refugiado” a ninguno de ellos. Así, mientras que los derechos de las (5) personas trabajadoras migrantes están recogidos en la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, las víctimas de (6) trata con fines de explotación están amparadas por el Protocolo de Palermo, surgido como respuesta contra el crimen organizado.

En cada uno de estos casos nos encontramos con diferentes problemáticas que resolver, aunque en el caso de la infancia existe un denominador común: los niños cuentan con necesidades específicas, y aquello que les sucede durante la infancia determina lo que serán de mayores: en palabras de Wordsworth “el niño es el padre del hombre”. La desprotección en edades tempranas puede condenar a un pequeño a un futuro poco halagüeño, y hacerle desconfiar para siempre de una legislación internacional claramente insuficiente: es necesario un cambio normativo que asegure los derechos de las personas en movimiento de todas las edades, pero muy especialmente de aquellas que son más vulnerables e inocentes. Resulta imprescindible, así las cosas, asegurar el derecho al asilo y la protección de los refugiados al tiempo que se evidencia indispensable ampliar los supuestos que dan derecho al refugio para incluir a refugiados ambientales, económicos y desplazados internos. Si bien es cierto que las cosas de palacio van despacio y que la legislación internacional necesita tiempo para adaptarse a las cambiantes condiciones internacionales, urge llegar a acuerdos y establecer vías de comunicación que garanticen los derechos de estas personas, tal y como cientos de movimientos y organizaciones internacionales como UNICEF reclaman a nivel global desde hace décadas.





comments powered by Disqus